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Drask



Atónito


Llegamos a la isla en plena noche. Su líder, Willa Garvenne, me advirtió de que me mantuviera alejado de la cantera. "Mantén tus ojos abiertos y estate preparado para moverte, vigilante" me dijo. "Solo porque un Drask esté lejos no significa que no pueda derretir tus huesos mientras estás vigilando"

"¿Los Drasks pueden derretir huesos?" Pregunté con algo de miedo. "El Observatorio no tiene tales informes."

"Tal vez, tal vez no," contestó con una sonrisa sarcástica, "pero no me gustaría ser la que lo descubriera."


El rayo ataca


El Behemoth no se estaba escondiendo de los Slayers. De hecho, parecía aceptar con satisfacción el desafío con un rugido distintivo y un aura crepitante de aether eléctrico. Garvenne lanzó una bengala en respuesta y la batalla empezó.

La pesada piel del Drask desvió los ataques iniciales de los Slayers mientras sus garras del tamaño de un brazo de un hombre rasgaban la tierra bajo sus pies. Los Slayers fueron cuidadosos en evitar los golpes de su pesada cola, a veces con éxito. Pero mientras el grupo de Slayers atacaba a la bestia, me di cuenta con temor que había llamado su siniestra atención. Su boca brillante fue la única advertencia que tuve y no fue suficiente. Me arrojé de costado, pero el rayo me dio en el hombro y me arrojó al borde de la isla. Hice todo lo posible para aferrarme a una raíz de árbol y no caer al Bajo Cielo.


Chispas y hielo


Volví a la escena para ver que los Slayers sabían esto bien. Cuando Garvenne cargó su arma con aether, los patrones distintivos de hielo que incrustaba su martillo hicieron retroceder al Drask. El poder del aether helado era un anatema para los seres impulsados por la electricidad. El grupo atacó al Drask con golpes helados uno tras otro, maniobrando expertamente lejos de los rayos del enorme reptil mientras lo hacían caer.

Me permití hacer un pequeño grito de triunfo en medio de la tormenta de la batalla. Ciertamente fue gratificante ver sus teorías probadas en el campo. Especialmente cuando la vida estaba en juego. El grito murió en mis labios cuando vi que los ataques sólo habían enfurecido más a la bestia. Rugió, su boca llena de poder aetherico, y de repente el aire alrededor del Drask - el aire en el que todos estábamos - estalló con una onda de choque que nos tiró a todos al suelo.

Garvenne fue la primera en ponerse de pie. Ella levantó su martillo y dio una media sonrisa. "Muy bien" gruñó. "Entonces así es como va a ser." Con una mano me empujó a salvo y se lanzó a la batalla una vez más.

Extraído del informe de campo de la vigilante Nisha Saray
Cuarto trimestre, 1008 D.U.